Aprender un idioma no significa necesariamente volver a la escuela.
Aquí, las clases se imparten en una casa de viticultores del siglo XIX, en el corazón del casco antiguo del pueblo. En el ambiente cálido y relajante del salón, de la biblioteca o del jardín, puede aprender con más libertad y serenidad.
En esta atmósfera distendida, la conversación surge de forma natural: cada uno puede tomarse el tiempo de aprender, de expresarse y de ganar confianza, sin la presión de un aula.
El objetivo sigue siendo el mismo: progresar, en un entorno cálido y con una enseñanza profesional.